Sexo versus género

Posted by on Oct 24, 2012 in Género, Ortografía y gramática | 8 comments

Sexo versus género

Hace ya unas semanas, una buena amiga y fiel seguidora de Ecoescritura me sugirió que publicara un artículo sobre esas cuestiones entre género y sexo que tanto debate han generado siempre y, en especial, durante este año.

 

Ahora me doy cuenta que, de alguna forma, me he estado resistiendo a afrontar esta entrada por tratarse de un tema excesivamente comentado por expertos de todos los ámbitos (cultura, política, educación…).  Sin embargo, hoy he dado un paso adelante y voy a exponer mi posición sobre el mismo.

 

El género nos permite distinguir entre nombres masculinos y femeninos. Cuando designa seres animados sirve para diferenciar el sexo (abuelo/abuela; león/leona); mientras que cuando designa seres inanimados se utiliza para cohesionar el grupo nominal concordando con los determinantes y adjetivos (Hoy me encantaría que te pusieras el jersey morado).

 

La expresión de género se realiza de diferentes formas dependiendo de si los nombres designan personas y animales, o cosas y conceptos. (Esto lo trataremos, si os interesa, en otra entrada).

 

Algo que tenemos que tener muy claro es que sexo y género no son lo mismo: los sexos son dos (masculino y femenino), mientras que los géneros son tres  (masculino, femenino y neutro). La Real Academia sostiene que «Para designar la condición orgánica, biológica, por la cual los seres vivos son masculinos o femeninos, debe emplearse el término sexo».

 

Siguiendo este razonamiento, no nos debe caber la menor duda de que las palabras tienen género (y no sexo) y las personas sexo (y no género). Por ello, no son correctas, en el discurso no especializado, expresiones como “violencia de género” o “discriminación de género”, que deben sustituirse por “violencia sexista, machista, familiar, doméstica, de parejas…” o “discriminación por razón de sexo, discriminación contra las mujeres, etc.”.

 

No obstante, la RAE admite el término género con un sentido técnico específico, utilizado en el ámbito concreto de los estudios sociológicos (por ejemplo en la teoría feminista), para designar una categoría sociocultural que implica diferencias o desigualdades de índole social, económica, política, laboral, etc. En este sentido sí cabe interpretar expresiones como estudios de género, discriminación de género, violencia de género, etc.

 

Ahora bien, la Academia nos dice que en nombres que hacen referencia a personas y a animales, el género masculino se usa para designar la clase, es decir, a todos los individuos de una especie sin distinción de género. Por esta razón, una frase como El perro es el mejor amigo del hombre no excluye a las perras ni a las mujeres. «Solo cuando la oposición de sexos es un factor relevante en el contexto, es necesaria la presencia explícita de ambos géneros: La proporción de alumnos y alumnas en las aulas se ha ido invirtiendo progresivamente; En las actividades deportivas deberán participar por igual alumnos y alumnas».

 

En el Diccionario panhispánico de dudas podemos leer que no hay intención discriminatoria en esta norma, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva, que nos permite evitar:

— Los excesivos desdoblamientos de palabras como (alumnos y alumnas; padres y madres…), los cuales generan textos pesados y difíciles de leer.

— Algunas soluciones incorrectas gramaticalmente como *Las y los ciudadanos.

*El uso de la @ como signo integrador de ambos sexos: la @ no es un signo lingüístico y, por tanto, su uso con esta aplicación es incorrecto.

 

Sin embargo, esta visión de la Academia no es fácilmente aceptada por todos los colectivos, lo cual da lugar a intensos e interesantes debates, como el iniciado el pasado mes de marzo con la publicación del  informe Seximo lingüístico y visibilidad de la mujer,  del académico Ignacio Bosque. No son pocas las personas que piensan que en el origen de esta norma subyace un sesgo androcéntrico, una tendencia machista y discriminatoria, que hay que solventar mediante la introducción de ciertos cambios en nuestra forma de utilizar la lengua, muchas de ellas incluidas en las guías de lenguaje no sexista (algunas de las cuales fueron criticadas por el citado informe).

 

Yo os confieso que aún no tengo del todo claro mi punto de vista. Por supuesto, creo que las palabras tienen un inmenso poder para representar la realidad, que la mujer tiene que tener un papel visible en la sociedad y  que la lengua tiene que adaptarse a todos los cambios que se produzcan en esta.

 

También considero que, efectivamente, en el Diccionario de la Real Academia se pueden encontrar multitud de términos y enfoques cargados de sexismo: ¿no es curioso que una palabra como generala designe a las mujer del general, y no a la mujer que ocupa dicho cargo? Incluso el orden alfabético por el que se rige el Diccionario es vulnerado cuando aparecen en primer lugar las variantes masculinas de palabras que designan oficios y poseen también las correspondientes femeninas (médico antes que médica).

 

Sin embargo, estoy de acuerdo con la ley de la economía expresiva y me suelen molestar muchísimo las engorrosas repeticiones (os/as; alumnos y alumnas…) que convierten algunos textos en ilegibles. De momento me suelo inclinar por el sentido común, y uso distinciones de sexo cuando lo considero oportuno, así como el masculino genérico cuando me parece que no se va a generar ninguna confusión en la comunicación.

 

Me gustaría conocer vuestras opiniones. ¿Os sentís discriminadas por el uso del masculino? ¿Os molestan los desdoblamientos? ¿Qué pensáis al respecto? ¡Gracias por vuestra colaboración!

 

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8 Comments

  1. Gracias por el artículo. A mí me parece que politizar la lengua es un error. Hemos caído en la obsesión de lo “políticamente correcto”, creo yo que copiado de los americanos, Y a veces eso mismo se convierte en discriminatorio. Por ejemplo, yo voy al médico, al abogado, etc…no tengo porqué especificar si es hombre o mujer, algo que podría tomarse como discriminatorio ¿no? ¿Qué más da si es un hombre o una mujer, si lo que, en ese contexto lo importante es su profesión?
    ¡Ah! Y a mí me ponen literalmente enferma el desdoblamiento y la arroba. Un invento político que no ha hecho más que hacer gastar más tinta y tiempo y que va contra la gramática, como bien has escrito. Saludos.

    • Buenos días, Mar. Estoy de acuerdo en eso de que politizar la lengua es un error, y ya veo que muchos coincidimos en la aversión hacia la @ y los desdoblamientos… ¡Muchas gracias por tu comentario! Saludos.

  2. Yo sí me siento discriminada, pero es más, mi hija con cinco años me dijo aquello de “no mamá, no estaban hablando de mí, decían “los niños””. No por ello deja de resultarme engorroso el uso de las repeticiones y considero que éste es un asunto aún sin resolver, aunque confío en el que el lenguaje vaya evolucionando hasta encontrar una solución equitativa y económica. No me sirve aquello de “se dice así o las reglas son así”. El lenguaje siempre ha evolucionando y sigue evolucionando, no entiendo por qué en este asunto hay tanta controversia.

    • Hola, Ana. Muchas gracias por tu opinión, de momento es la única que me ha llegado en este sentido, y eso siempre es más que enriquecedor. Estoy de acuerdo con que tenemos que seguir evolucionando, a ver si encontramos una solución más equitativa y que las normas también pueden cambiarse, como ha demostrado la Academia en multitud de ocasiones. Seguimos aprendiendo y luchando por que las cosas sean como deseamos que sean… ¡Un abrazo!

  3. Comparto tu percepción sobre la cuestión y tus mismas dudas, Berta. Me ha gustado el ejemplo de la “generala”, pero hay uno incluso más chusco: prueba a mirar en el DRAE “gobernante” y “gobernanta”. Sin embargo no culpo al diccionario, que se limita a reflejar el uso (histórico y contemporáneo)de los vocablos. De nosotros depende cambiar la realidad que describen las palabras:
    http://elpais.com/elpais/2012/04/13/opinion/1334317018_255863.html

    • Holaaa, Javier, me ha gustado leerte por aquí. Lo de la palabra “gobernanta” es otro ejemplo más de esa discriminación a la que yo hacía referencia. Mil gracias por dejar el enlace a ese artículo que desconocía, y que realmente me parece interesantísimo y que recoge un punto de vista muy acertado sobre un asunto tan controvertido. Lo voy a publicar en mi página https://www.facebook.com/besyco para cerrar la reflexión de género que hemos iniciado esta semana. ¡Saludos!

  4. Me ha encantado tu entrada, Berta. Creo que has dado un repaso muy esclarecedor del asunto. Personalmente, me ocurre como a ti. No me gusta nada la exageración a la que se ha llegado con esa obligación a los desdoblamientos, para nada acepto el uso de abreviaturas (tipo arroba) y aunque me suelo regir por la normativa R.A.E. veo el sesgo de “la tradición” y la ortodoxia. Igualmente, sin embargo, la lengua refleja mucho más que unas meras normas gramaticales y sí que es ahí donde la igualdad debería ser regla absoluta. ¿Debe la lengua entonces “forzar” esa igualdad? Lo que no se nombra no existe, desde luego, y ya que se ha destapado la caja de los truenos con la polémica, es complicado. Como tú, trato de mantenerme en el filo de la “igualdad sostenible” sin olvidarme ¡que he sido alumna de Ignacio Bosque!
    !Gracias por hacerme pensar en estas cosas!

    • ¡Qué bien leerte por aquí, Mª José!, y haber contribuido a que reflexiones sobre estos temas, todo un placer para mí. Efectivamente, coincidimos en el enorme poder que tienen las palabras para construir realidad, y que sí que existe ese sesgo, pero no encontramos la forma justa de reflejar esa deseada visibilidad de la mujer en todos los ámbitos. Lo importante es que exista la inquietud y trabajemos, unidos, por llegar a los máximos acuerdos posibles. ¡Ojalá dentro de poco no sea necesario replantearse una y otra vez estos debates! Por cierto, ¿has sido alumna de Ignacio Bosque? ¡Esa experiencia tienes que contármela! Abrazos.

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