¡Ecoescritura sigue creciendo! Conoce a Rocío Santiago

Posted by on Abr 3, 2013 in Autoedición/autopublicación, Entrevistas, Ortografía y gramática, Uncategorized | 0 comments

¡Ecoescritura sigue creciendo! Conoce a Rocío Santiago

Hoy estamos muy alegres en Ecoescritura porque tenemos el placer de anunciaros la incorporación a nuestro equipo de una magnífica profesional y buena amiga: Rocío Santiago. Con su presencia y colaboración, no nos cabe la menor duda de que este proyecto seguirá creciendo para ofrecer cada vez servicios más diversos y de mayor calidad.

-Hola, Rocío, ¡bienvenida a Ecoescritura! En tu perfil profesional vemos que eres correctora, ¿te animas a compartir con los lectores de Ecoescritura en qué consiste tu trabajo y cuáles son tus principales tareas diarias?

En primer lugar hola a todos, es un placer colaborar con Ecoescritura.

Yendo a tu pregunta, y como se podría deducir acertadamente de la misma, mi trabajo consiste en corregir textos. Huelga decir que para corregir algo lo primero que hay que hacer es leerlo, y esa es, en mi opinión, la base de una buena corrección: una lectura que profundice en todos los niveles del texto, haciendo un barrido exhaustivo por fondo y forma.

La corrección comienza con la recepción del original. Yo prefiero conocer lo máximo posible sobre el mismo antes de ponerme a corregirlo, ya que el contexto comunicativo en el que este se enclave me parece fundamental. Aunque existen distintos tipos de corrección, soy de la opinión de que nunca se debe perder de vista el tipo de texto que tenemos entre manos, su naturaleza y destinatarios. El primer objetivo, en cualquier caso, será que el contenido cumpla la norma, la cual, no lo olvidemos, va en consonancia con el uso. Un segundo objetivo, que puede parecer obvio pero que en muchos casos se convierte en una ardua tarea, es hacer el texto entendible, claro y conciso.

En el transcurrir de la corrección es fundamental consultar, documentarse, y en muchos casos aprender no solo sobre aspectos lingüísticos concretos, sino también sobre la materia tratada en el texto. Yo considero igualmente importante mantener una comunicación fluida con el autor, pues él será quien nos aclare si ciertos cambios son pertinentes o no (más aún si tratamos con textos técnicos o científicos), ya que obviamente no somos expertos en todo.

Corregir implica, por otra parte, bucear por el texto tantas veces como nuestro criterio profesional nos lo dicte, sin perder de vista que el corrector no es el autor. Respetar la esencia de su mensaje y su manera de contar es imprescindible para obtener un buen resultado final.

-Muy interesante tu respuesta, Rocío, ¡gracias! En tu opinión, ¿cuáles son los requisitos para ser un buen corrector? ¿Existen estudios específicos para ello?

Yo considero que un requisito fundamental para ser un buen corrector es un amor incondicional por la lengua. En mi caso la profesión nació como una vocación: más allá de la lectura, mi mejor compañera, el hecho de corregir era algo innato en mí. Quizá por ello me decanté por estudiar Comunicación, si bien orienté mis funciones al campo de la redacción, la edición y la corrección. Completé mi formación con cursos específicos en este campo, y sin duda ha sido el ejercicio de la propia profesión lo que ha completado mi bagaje. Conozco correctores con estudios de Filología, Humanidades o Comunicación (como es mi caso), formación que recomiendo completar con cursos concretos.

En España, muchos profesionales echamos de menos una titulación específica que forme de manera integral a los correctores, la cual ya existe en ciertos países de Latinoamérica.

-Interpretamos que a la hora de poner en pie tus correcciones debes documentarte minuciosamente y consultar distintas fuentes. ¿Podrías decirnos, de forma resumida, cuáles son esas fuentes?

Afortunadamente, cuando hablamos del español las fuentes de consulta son numerosas. Los libros de cabecera del corrector son los diccionarios (de la lengua, panhispánico, del uso, de dudas…), al que se suman gramáticas, ortografías, manuales de estilo y demás publicaciones especializadas.

En la actualidad resultan enormemente útiles las páginas de consulta disponibles en Internet, que permiten realizar búsquedas por términos, expresiones, artículos relacionados, etcétera. Hablo no solo de las páginas más comúnmente conocidas (como RAE o Fundéu), sino también de muchas otras que contienen información de interés sobre dudas ortográficas, gramaticales o semánticas. Normalmente, como es el caso de Ecoescritura, lo hacen de manera altruista, lo cual es digno de admiración.

El corrector, por otra parte, ha de actualizarse continuamente. En mi caso procuro mantenerme al tanto de las novedades que introduce la RAE, estoy suscrita a distintos sistemas de alerta que ofrecen determinados sitios de Internet, y también utilizo las redes sociales para recibir notificaciones. Procuro tener al día mi biblioteca con las últimas obras de consulta y me leo artículos, blogs y todo tipo de publicaciones que considere de interés para el ejercicio de mi profesión; ¡y lo mejor es que disfruto haciéndolo!

-Una duda que nos llega con bastante frecuencia a Ecoescritura es cuál es la diferencia entre corrección ortotipográfica y de estilo. ¿Podrías aclarárnosla?

Veamos. Aunque hay muchas formas de explicarlo, intentaré ser concisa:

La corrección ortotipográfica abarca la gramatical y la tipográfica. En la primera se detectan (y subsanan) los problemas de ortografía y morfología, puntuación, etcétera. En la segunda se corrigen erratas y errores tipográficos. En este punto me gustaría aclarar que una errata no es una falta, y viceversa.

La corrección de estilo, por su parte, aborda los errores no solo ortográficos, sino también de sintaxis y semántica de cada oración, contribuyendo a hacerla clara y precisa. Abarca igualmente aspectos que atañen a la globalidad del texto, como la homogeneidad en el uso de tiempos verbales, la coherencia en la selección de la persona de narración, ritmo, etcétera. En muchos casos es necesario consultar estos aspectos con el autor, pues, recordemos, siempre se ha de respetar su forma de contar.

-En los últimos años, los correctores parecen estar desapareciendo de casi todos los ámbitos: medios de comunicación, gabinetes o agencias de comunicación, editoriales, etc. ¿Cuál crees que es el principal problema de esta negativa tendencia y cómo crees que se podría atajar?

Como muchos sabemos, los medios de comunicación están sufriendo una crisis no solo económica, sino también de modelo. Aunque poco a poco se va superando, el cambio del soporte impreso al digital no está siendo sencillo, y en muchos casos implica un ajuste en sus plantillas y presupuestos. A ello se suma una profunda crisis publicitaria, que agrava la situación de sus cuentas. Por ello, y por desgracia, parece ser que muchos han decidido ajustar sus costes bajando salarios, contratando a personal con poca experiencia, mucha responsabilidad y jornadas maratonianas, y prescindiendo de la figura del corrector, sin la cual las antiguas rotativas no arrancaban… En mi opinión la ausencia de esta figura nunca está justificada, de hecho no somos pocos los que detectamos cada vez más faltas, ortográficas y gramaticales, tanto en sus ediciones impresas como digitales.

En el caso de los gabinetes y agencias de comunicación la tendencia se debe, en muchos casos, a que desconocen la profesión. Dan por hecho que sus redactores «escriben bien», sin ser conscientes de que cualquier texto con proyección pública debe pasar por un proceso de revisión profesional.

En lo que respecta a las editoriales no alcanzo a entender el motivo. Sin duda debe de ser económico, aunque creo que este ahorro de costes siempre revertirá de manera negativa en la propia editorial, que sacará a la luz un producto de muy baja calidad. Esto se traduce, indudablemente, en unas ventas menores.

Creo que una buena alternativa para todas aquellas empresas que no barajan tener en plantilla a un corrector es recurrir a empresas especializadas que, como Ecoescritura, prestan servicios profesionales de corrección, edición, escritura…

En este punto me gustaría añadir que cualquier agente encargado de emitir mensajes con una dimensión pública tiene una responsabilidad social inherente a su condición de comunicador. Los errores o faltas, sean de la naturaleza que sean, tienen en estos casos un riesgo mayor de perpetuarse y extenderse. Entre todos debemos evitarlo.

-Si un autor novel estuviera leyendo esta entrevista, ¿te gustaría darle algún consejo o sugerencia para que su libro tenga el éxito que merece?

En primer lugar me gustaría animarlo a publicar. La publicación es el culmen de la creación literaria, el momento en el que hacemos a los demás partícipes de nuestras historias. Opino que para que un libro tenga éxito debe contar con un argumento fresco, personajes bien perfilados y una prosa ágil. A estos elementos hemos de sumar un proceso de edición cuidado y profesional: ilustraciones, portada, maquetación, impresión (si procede)… Pero no olvidemos que de nada sirve un libro bonito si en su interior nos topamos con faltas de ortografía o de expresión, errores tipográficos… La corrección se torna fundamental para obtener un producto final de calidad que influirá de manera positiva en las críticas y en las ventas.

Esto se hace extensible a publicaciones no solo narrativas, sino también a ensayos, biografías o libros técnicos.

-Más allá del ámbito profesional, ¿cómo crees que cada uno de nosotros podría mejorar sus escritos para transmitir un mensaje claro y coherente?

Si lo pensamos detenidamente, cualquier persona que se preocupa por lo que escribe hace ejercicios de corrección, en muchos casos de manera inconsciente. El hecho de releer y retocar un texto después de haberlo escrito, ya sea un correo electrónico, una autorización para que nuestro hijo vaya a una excursión, ¡incluso la nota que hemos colgado en la nevera! denota interés y cuidado por el lenguaje. Más allá del registro que usemos, que puede ser coloquial, ese cuidado y mimo por la lengua siempre será apreciado por los demás y no caerá en saco roto.

Ese sería por lo tanto mi consejo: no redactar de forma acelerada, releer lo que se escribe e irse al diccionario (o cualquier otra fuente autorizada) cuando dudemos. El tiempo empleado en hacerlo no será tiempo perdido: quienes nos lean lo agradecerán. Cuando se trate de escritos con una mayor proyección, barajar si es necesario recurrir a un corrector profesional; ¡en Ecoescritura estaremos encantados de atenderle!

No olvidemos que en gran parte somos lo que nuestras palabras dicen de nosotros.

Rocío, un millón de gracias por ofrecernos esta entrevista tan interesante y por acompañarnos en este proyecto movido por el amor a las palabras y la literatura, que tanto Cristina como yo compartimos contigo.

 

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